Los indicadores sociales y económicos del país son irrefutables. Todos los índices de acceso a condiciones de salud, de escolaridad, de mortalidad infantil, de analfabetismo, de ingresos per cápita, de distribución de la riqueza, de entrega de recursos a las regiones, etc., indican que el rumbo del país es el correcto y que en ello estriba el cambio revolucionario que estamos experimentando.
Es la primera vez que ocurre tal cambio en nuestro país. Los otros dos anteriores procesos expansivos de nuestra economía, que fueron la época del guano y los altos precios de la posguerra de los años 50, significaron sólo bonanzas pasajeras que no se reflejaron en indicadores sociales. La primera encontró al país manejado por una élite que oscilaba entre el caudillismo militar o el civilismo oligárquico. La segunda, con la dictadura militar del general Odría. Ambas significaron concentración en pocas manos de lo recaudado y profundización de las diferencias sociales.
Hoy, aunque el creciente griterío comunista lo repita una y otra vez, no hay tal polarización. La redistribución llevada a cabo ha hecho que las autoridades electas por el pueblo en su región o distrito cuenten con recursos que nunca jamás en la historia del Perú habían tenido, y que dichos recursos sean destinados directamente por ellos, no por Lima, a establecer infraestructura básica en materia de salud, educación, electrificación, saneamiento, comunicaciones, etc., que nunca antes habían tenido.
Y lo mismo para la creación de empleo. Para que haya empleo debe haber empleadores, señalaba Felipe González más de una vez en España. Si se pretende que los empleadores, es decir, los que invierten, no ganen dinero, entonces se está pidiendo la cuadratura del círculo. Los que invierten, sean empresas transnacionales o nacionales, buscan utilidades. La diferencia está en que el Estado se anticipa a ellas vía impuestos, canon, regalías y contribuciones adicionales en materia ambiental y social como nunca antes se había hecho.
Los apristas, hoy que cumplimos 78 años de existencia, para rabia y envidia de nuestros enemigos, debemos estar seguros, tranquilos y orgullosos, porque lo que está viviendo hoy el Perú, quiéranlo o no, es una gran transformación.
Mauricio Mulder Bedoya
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