Sorprende ver como algunos analistas y rectores de opinión circulan intelectualmente alrededor de las mismas fuentes y medios y terminan leyéndose a sí mismos a la hora de emitir opinión sobre los principales problemas del país. Se nota a la distancia que los opinólogos de siempre terminan voluntaria e involuntariamente citándose entre ellos o estableciendo copropiedades en materia de autoría intelectual sin que se vislumbre profundidad en el análisis político.
Por ejemplo, tienden todos a interpretar que cada acto político, cada declaración de los voceros del gobierno, obedece a ultracalculadas preconcepciones y a complicadas estrategias destinadas a dorar lo que, siempre según ellos, sería una larvada y oculta disputa interna por porciones de poder. Sobreestiman en realidad su (debo decir nuestro) desenvolvimiento, olvidándose que muchas veces las personas somos más sencillas y simples en nuestro accionar que lo que ellos suponen, y que en lo que ellos creen ver discrepancia y bronca sólo hay descoordinaciones de segundo orden.
Y sucede lo mismo cuando se analiza el accionar de los grupos violentistas que apadrinan la política de paros y huelgas contra el gobierno, sólo que allí no los sobreestiman sino que, por el contrario, los subestiman. Creen que en realidad se trata de grupúsculos marginales que simplemente los motiva el dolor del pueblo pobre y por ende, conmovidos y compasivos como son, protestan ante el “gobierno insensible”.
Y piensan que los apristas estamos “en pánico” porque ponemos en evidencia que detrás de las asonadas se esconden intenciones más peligrosas que las que pregonan.
Cuidado, que cuando surgió Sendero muchos adláteres de la IU dijeron
lo mismo y que el terrorismo se vencía con más socialismo y que la lucha armada no estaba justificada, pero sí era comprensible por la pobreza existente en el país.
Hoy sucede lo mismo. Sendos líderes sesentones y abuelos chochos nos vuelven a decir que no hay en el Perú quienes quieren de verdad sublevarse contra el sistema democrático. Que son fantasmas nuestros.
Como sólo se leen entre ellos, nunca podrán analizar otras fuentes: los volantes que se sacan en las universidades, los debates que se organizan en ellas, los discursos en las asambleas sindicales, los textos intrapartidarios. Ni una sola fuente distinta a la de los periódicos. Lo que no sólo revela flojera, sino falta de acceso a los sectores populares. No se olvide que en cada federación estudiantil, en cada sindicato, en cada club de madres, en cada comedor, en cada asociación o mercado hay militantes democráticos que dan la batalla, allí abajo, en las bases, para desnudar en sus polémicas permanentes, a los que gritan y pregonan que su objetivo es “pasar a la ofensiva”, “arrinconar al gobierno”, “establecer el equilibrio estratégico” y pregonan ¡urgente, urgente otro Presidente!
Así que no nos vengan otra vez a actuar como celestinas por favor.
Mauricio Mulder Bedoya
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