Como no faltan los malintencionados de siempre y los ilusos que creen ver el asalto a las Tullerías en cada acción social, resulta pertinente avanzar algunas puntualizaciones sobre lo acaecido en Moquegua, a efectos de mejorar el análisis político de un hecho que no por ser parecido a otros anteriores, deja de ser inédito en el escenario nacional.
Primero: Este no ha sido un reclamo “patria o muerte” para superar condiciones urgentes de miseria, abandono o postración. Fue el perfilamiento desbocado de un caso de aplicación técnica de un dispositivo de segundo orden sobre el canon minero, que, sí o sí, vienen recibiendo en cantidades jamás recibidas por gobierno regional alguno en toda la historia del Perú.
Segundo: El conflicto busca ser aprovechado por la ultraizquierda para atizarlo y volverlo violento, sin importar en ese camino el verdadero fin del mismo sino su forma. Todos sabemos que la acumulación de fuerzas en la política está en los procesos y no específicamente en los resultados que se consigan.
Tercero: La regionalización como mecanismo de intermediación política no funciona. Dado que los presidentes regionales no han sabido desprenderse de su errada concepción de creerse secretarios generales de un sindicato frente al “patrón” gobierno, terminan siendo constantemente desbordados y desautorizados por los mismos fantasmas que ellos crearon: así pasó en el Cusco, en Ucayali y también en Moquegua.
Cuarto: Sin embargo, cuando las fuerzas no ultras se suman y no son meramente pasivas ni se dejan arrastrar, logran hacer prevalecer su peso: el señor Cueva en Moquegua ni siquiera fue considerado en la delegación que vino a Lima y ésta fue encabezada por el Ing. Martín Vizcarra, ex candidato al gobierno regional por el APRA y que quedó segundo por sólo 140 votos de diferencia.
Quinto: Su liderazgo se puso a prueba cuando el congresista Cevallos y el señor Humala dijeron que no acepaban el acuerdo y pretendieron seguir con el paro (más que nada porque apoyaban al presidente regional de Tacna), pero Vizcarra y su comisión lograron imponer la racionalidad del mismo, dejando sin piso a los violentistas y obligándolos finalmente a ceder.
Sexto: Cierta oposición ha convertido en obsesión su ansia por censurar a Luis Alva por cualquier tema. Ya parece patológico el caso…
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