No seamos ingenuos ni se llame nadie a arrebato. Los sectores antidemocráticos del país, desesperados porque no pueden frenar su crecimiento ni los indicadores sociales que siguen demostrando notorios avances, han decidido ingresar a la etapa que podríamos perfectamente denominar el Inicio de la Ofensiva Final contra el gobierno para buscar con ello bolivianizar al país.
A dicho juego se prestan toda la ex izquierda comunista, el grupo del señor Humala, los excarcelados de Sendero y el MRTA, los caviares (en su ingenuidad) y los tontos útiles de la derecha que les brindan apoyo logístico y acceso preferente en los medios de comunicación, en la absurda creencia de que con ello compran supuestas indulgencias futuras.
Son sabedores de que la “vía electoral” les está cerrada mientras haya en el Perú segunda vuelta y más aún si los motivos para quejarse disminuyen proporcionalmente a la caída del desempleo. Ellos necesitan urgentemente que haya descontento aunque tengan que inventarlo. Necesitan que ese descontento pueda movilizar a grupos de personas (no se necesita que sean muchas porque no es un tema de masas sino de “acción selectiva”). Necesitan que pueda irradiarse ese descontento por lo que fuera, así no sea un tema de fondo (el Congreso es buena piñata para ello y la prensa juega allí el rol determinante) , y para ello necesitan muertos y heridos, además de los escándalos por doquier, especialmente en el Congreso.
Tanto lo ocurrido en el hemiciclo parlamentario como la asonada en Moquegua obedecen a los mismos objetivos de desestabilizació n. Desestabilizar desde las calles para que se adelante el calendario electoral, tal como se ha hecho en Bolivia y en Ecuador. Luego de ello, propiciar elecciones a la volada para con la ola callejera imponer una nueva mayoría que convocando a una Asamblea Constituyente (Bolivia, Ecuador, Venezuela) dicte una nueva carta y se quede en el poder si es posible hasta el fin de sus días.
Por eso la democracia debe defenderse. Pero la democracia no es sólo “el gobierno” ni los partidos. La democracia son los ciudadanos comunes y corrientes, son los sindicatos, los estudiantes, etc. Los ciudadanos que no creen en asonadas ni violencias y que son la inmensa mayoría.
Y son los medios de comunicación. Sobre todo los “grandes”, que alegremente creen que su misión es joder al poder como si la democracia peruana tuviese la solidez de Noruega o Canadá. Que creen que su “posición objetiva” abarca a los que no creen en la democracia ni en la libertad de prensa. Piensen bien lo que hacen o terminarán alimentando al otro que los devorará
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