Siempre he aprendido que el aprismo es una escuela, es una familia en el cual hemos crecido en formación, moral, espiritual y profesional. Por lo tanto nuestra responsabilidad política pasa por ser buenos cuadros y estar a la altura de los retos y a la vanguardia de las circunstancias. Cualesquiera que estas sean.
Jamás supuse en pleno siglo 21, que el APRA tenga que vivir en el ostracismo no solo de los demócratas que deben tener en la tolerancia un valor, sino arrinconados por sus propios hermanos, los compañeros del partido. Llegar al gobierno más que una ilusión, se ha convertido en una pesadilla. Es como construir un barco, verlo partir sin ser parte de la tripulación por el único demerito de haberlo construido
El valor del APRA es mostrarse con sus debilidades y fortalezas, verdadera como lo quisiera Haya de la Torre y Gonzáles Prada. Y se muestra así porque así es el pueblo, sin tapujos ni hipocresía, sin medios que orienten su dirección y sin ningún mercader que negocie su consecuencia por una vigencia en la noticia.
Los hechos de persecución contra los cuadros del partido no es una manifestación de ponderación, menos de calificación que impone una ciudadanía a sus dirigentes o funcionarios. Es la expresión más rancia y cruel de una derecha que no quiere que el APRA gobierne esta nación. Instrumentalizando para ello sus interlocutores como los “inmaculos” defensores de la moral y las buenas costumbres, olvidando que el APRA, esta contra todo tipo de corrupción.
La derecha jamás juzgará a los funcionarios de su estirpe por muy delincuentes que estos sean, que enquistados en las diversas esferas de gobiernos se cubren entre si. La derecha se entroniza como corriente de opinión dentro del partido para no permitir el acceso de apristas en el gobierno, anteponiéndoles independientes, muchos de ellos con serios cuestionamientos de conocimiento publico pero que la derecha calla en todos los idiomas.
La lección de Carlos Arana y otros, nos demuestra que el partido no esta a la altura de ser la fuerza que nos hermana en la victoria y en el dolor. El partido juega a un vedetismo político marketero sacrificando sus cuadros, hechos en el calor popular por unos cuantos intelectuales de café cuya opinión como flecha lacerante parte la estructura de la fraternidad y de la unidad partidaria.
El partido debe manejarse con cuidado y no ceder tan fácilmente a este chantaje, que impide el acceso de más apristas en el gobierno. Es hora que los apristas recobremos el sentido de la fraternidad entendida en el más noble de los sentidos. No se puede sacrificar a un aprista sin mayores evidencias, entregarlo como chivo expiatorio a la presión de los medios y de sectores políticos con oscuros intereses, que tratan de sembrar de dificultades la actual gestión gubernamental.
Se debe poner alto al prostituismo político de querer estar bien con todos, el gobierno y el partido debe marcar su rumbo y sobre esa dirección debe levantar sus banderas de justicia social contra la desigualdad y todo tipo de exclusión. No podemos olvidar que el partido Aprista es el partido del pueblo, nacido de la alianza de las fuerzas manuales e intelectuales y que desde sus orígenes apareció en la historia política nacional como un movimiento de reivindicación de los derechos sociales, políticos y económicos de los sectores populares. La derecha política será, por tanto, siempre enemiga del APRA. Olvidar este hecho, nos puede hacer repetir errores del pasado. Con mecanismos más sofisticados, la derecha está socavando el actual gobierno aprista.
Víctor León Alvarez
Aún no hay editoriales
Sólido Norte | E-mail: solidonorte@hotmail.com