Tal como hace más de 8 décadas, el imperialismo amenaza a nuestro continente. El visionario fundador del APRA dejó toda su filosofía antiimperialista como método de combatir esta lacra global que exprime nuestros pueblos. Revisemos pues sus postulados y recomencemos esta lucha eterna, por el bienestar y la grandeza de nuestros pueblos.
Que el APRA actualmente no tenga una presencia continental como hace 80 años no la excluye de rememorar un aniversario de su fundación pues en 1924, un 7 de Mayo, en México, la capital de los bravos aztecas, Víctor Raúl Haya de la Torre presentó los cinco puntos del originario programa máximo internacional de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA):
El APRA no presentaba así manifiesto alguno de páginas más y páginas menos para forjar la defensa de las clases productoras o la patria continental y la patria local frente a la voraz presencia del capitalismo imperialista en América Latina o Indoamérica. Haya de la Torre demostraba su condición de hombre-acción, con objetivos precisos, llanos, asequibles. Se diferenciaba de esos intelectuales diletantes, ni que decir de las posturas entreguistas de algunos seguidores renovadores, modernizadores y refundadores del APRA que ni siquiera trabajan al lado de las clases productoras como lo hizo Haya de la Torre y la generación fundadora del APRA sino fungen de burócratas dorados del viejo Estado Peruano o de agencias internacionales imperialistas.
Sin embargo, la Fundación del APRA no era un hecho aislado ni iniciaba algún proyecto en Haya de la Torre o en la lucha antiimperialista en América Latina. Sólo era una continuidad del rompimiento antioligárquico que había hecho Haya de la Torre y las masas peruanas años atrás cuando se enfrentaron a la clase dominante peruana.
Haya de la Torre que ya frisaba los 29 años o sea exento de cualquier arrebato juvenil tenia ya experiencia de combatiente, de hombre-acción. La entrega de la Bandera Indoamericana a los estudiantes mexicanos continuaba su ya juvenil compromiso nacional con el pueblo extendiéndola ahora a un compromiso internacional pues al capitalismo internacional no se le derrotará en un solo país.
A Haya de la Torre lo encontramos en la lucha por la Reforma Universitaria en las Universidades peruanas preñadas de conservadurismo y de elitista composición docente y universitaria. Ya Victor Raúl Haya de la Torre había estado proclamando la unidad popular con los obreros en ocasión de la lucha por las 8 horas de trabajo en 1919 y la alianza obrero estudiantil en la jornada por la libertad de conciencia del 23 de Mayo de 1923 que lo marcó como un elemento subversivo para la clase dominante peruana.
La fundación del APRA se presentaba como una prolongación de la lucha nacional pues así lo exigía la realidad indoamericana, la presencia imperialista que con sus empresas, su tecnología y sus agentes llegó a controlar el Estado y convertirla en aparato de opresión contra las clases productoras y la Nación. Realidad que hoy también exige activa resistencia al imperialismo- encubierto como globalización- si es que queremos rendir homenaje a la fundación del APRA.
Haya de la Torre recuerda la necesidad de resistir al imperialismo y por ello se da la fundación del APRA con su programa máximo. La globalización que se nos presenta como un fenómeno ajeno al imperialismo es otro de los contrabandos ideológicos que los pueblos no podemos aceptar y que tampoco cabe en la doctrina aprista conciliación alguna, conforme podrá descubrir el lector en el propio análisis de Haya de la Torre cuando fundamenta el programa máximo del APRA.
El nuevo coloniaje que señala Haya de la Torre se presenta con la globalización imperialista hoy en día pues el capital sigue conservando- en plena globalización- el control absoluto de los procesos productivos como acontece en dos líneas punta de la economía capitalista actual: la informática y la genética. En la informática todo está regulado por gigantescos oligopolios imperialistas que dirigen y controlan la producción, difusión y uso de los hardware y software como de la fabricación de “virus” y de los antivirus; y en la genética los oligopolios imperialistas organizan la investigación sobre la base de perspectivas comerciales expropiando a los campesinos y a los pueblos su tecnología, por ello hay que llamar la atención sobre la forma actual del imperialismo: imperialismo excluyente y no integrador como antaño; imperialismo colectivo como bloque EEUU-Japón-Europa con control total del mundo y ya no como imperialismo disperso, con países que se disputaban el control de la producción y el consumo.
Y contra este tipo de dominación, de exclusión, de opresión de los pueblos, es que Haya de la Torre fundó el APRA y la dotó de un Programa Máximo. No fue para que complacientemente se acepte al imperialismo con el rostro de globalización. Claro que Haya de la Torre mencionaba que la doctrina aprista plantea un antiimperialismo constructivo y que merece otro artículo.
Para que el lector tenga una noción de la doctrina del APRA queremos entregar la fundamentación esbozada por Haya de la Torre:
“La doctrina aprista, en su programa máximo, contempla el hecho histórico irrefutable de que todos los países de América Latina pertenecen a una zona económica similar, con ligeras variantes, y que, consecuentemente, muchos de sus problemas fundamentales tienen analogía como han de tener sus grandes soluciones. Examinado este hecho, resulta innegable. La internacionalización de la economía es reconocida por las derechas y las izquierdas de la política mundial.
Científicamente es un absurdo afirmar que en esta época cualquier país del mundo pueda declararse libre de sujeciones al dominio del sistema económico internacional. Y si esto es así, resulta lógico que frente a los grandes problemas de la economía, los pueblos que contemplan problemas análogos tiendan a coordinar su solución en lo que tienen de común.
Cuando el programa máximo del aprismo reconoce como necesaria aspiración la unión económica y política latinoamericana, no sólo responde a una necesidad real que van sintiendo día a día los pueblos de América Latina. También es consecuente con un propósito ya centenario proclamado por Bolívar al convocar al Congreso de Panamá para unir a nuestros pueblos. El aprismo, sin dejar de reconocer que la realización del gran principio bolivariano está aún distante, lo sostiene como una meta ideal.
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